En 2015, un consorcio de 270 investigadores volvió a realizar 100 experimentos publicados en revistas de psicología de alto impacto. La idea era simple: repetir los estudios y ver si aparecían resultados similares. Lo que encontraron fue incómodo. Muchos resultados que parecían establecidos no sobrevivían con la misma fuerza cuando alguien intentaba repetirlos. Solo 36 de los 100 estudios replicados produjeron resultados estadísticamente significativos. En los estudios originales, la cifra había sido 97.

El mecanismo

La ciencia no avanza solo descubriendo cosas nuevas. También necesita comprobar que los descubrimientos anteriores eran reales. El problema es que durante décadas el sistema recompensó mucho más la novedad que la verificación. Publicar un hallazgo sorprendente era prestigioso. Confirmar que otro investigador tenía razón, bastante menos.

Cuando cientos de investigadores comenzaron a repetir estudios influyentes, una parte importante de los resultados originales no volvió a aparecer. No necesariamente porque hubiera fraude. A veces bastaban muestras pequeñas, fluctuaciones estadísticas o efectos más débiles de lo que parecían inicialmente.

La crisis de replicación no mostró que la ciencia estuviera rota. Mostró algo más incómodo: que algunos resultados pueden convertirse en conocimiento aceptado mucho antes de haber sido realmente verificados.

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Una de las razones por las que los estudios no replican es que fueron diseñados con muestras demasiado pequeñas para detectar efectos reales con confianza. Eso no es un detalle técnico. Es el límite de lo que un estudio puede y no puede afirmar.

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