En la década de 1830, un astrónomo y matemático belga llamado Adolphe Quetelet intentaba responder una pregunta estadística: cómo describir al "hombre promedio". Para hacerlo, desarrolló una fórmula simple: peso en kilogramos dividido por el cuadrado de la estatura en metros. No era médico. No estaba estudiando obesidad. Y nunca imaginó que, casi dos siglos después, esa fórmula terminaría utilizándose para un propósito muy distinto del que había sido concebida: clasificar la salud de millones de personas.

El mecanismo

El Índice de Masa Corporal nació como una herramienta poblacional. Su función era describir tendencias en grandes grupos, no evaluar individuos. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa distinción se fue perdiendo. Lo que había sido diseñado para estudiar poblaciones terminó convirtiéndose en criterio clínico, referencia epidemiológica y base para políticas de salud pública.

En 1998, un comité de expertos de los National Institutes of Health bajó el umbral de "sobrepeso" de 27,8 a 25 puntos de IMC. De un día para el otro, 29 millones de estadounidenses fueron reclasificados como personas con sobrepeso sin haber cambiado de peso. Investigaciones posteriores revelaron que algunos miembros de ese comité tenían vínculos financieros con la industria de pérdida de peso, no declarados en el momento.

El IMC resume el cuerpo en una única relación entre peso y altura, sin considerar diferencias en la composición corporal, la distribución de la grasa o las características individuales. Fue concebido para describir, no para prescribir. El problema no estuvo en la fórmula, sino en las conclusiones que empezamos a extraer de ella.

Para profundizar

Si una fórmula estadística puede terminar utilizándose para responder preguntas para las que nunca fue diseñada, también vale la pena preguntarse qué ocurre cuando un estudio observacional empieza a responder preguntas sobre causalidad. Ese fue, precisamente, uno de los problemas que ayudó a consolidar durante décadas la hipótesis de que las grasas saturadas eran la principal causa de enfermedad cardiovascular.

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