En 2008, un investigador llamado Erick Turner publicó en el New England Journal of Medicine un análisis inusual en donde comparaba algo que rara vez podía compararse. Había revisado todos los ensayos clínicos sobre antidepresivos registrados ante la FDA — los publicados y los no publicados. Lo que encontró cambió la lectura de una de las clases de medicamentos más prescriptas del mundo.
El mecanismo
De 74 ensayos registrados ante la FDA, 38 mostraban resultados positivos. Casi todos fueron publicados. Los otros 36 — la mayoría con resultados negativos o ambiguos — en su mayor parte no lo fueron. El médico que prescribía antidepresivos en 2007 tenía acceso a una literatura que mostraba que funcionaban en casi todos los casos. La literatura completa contaba una historia más complicada.
El sesgo de publicación no requiere fraude para operar. Requiere solamente que los resultados negativos tengan menos probabilidades de publicarse que los positivos — que es exactamente lo que ocurre. Turner tenía acceso a esos datos porque había trabajado en la FDA. Sin esa posición, nadie hubiera podido hacer el análisis.
Para seguir leyendo
El sesgo de publicación es una de las razones por las que los efectos reportados en los primeros estudios de un campo tienden a ser más grandes que los que emergen cuando se acumula más evidencia. Hay un nombre para ese patrón, y hay décadas de literatura que lo documenta.

